Manejar una empresa no es tarea fácil, sobre todo para un director general (CEO), quien tiene que administrar su tiempo con mucho cuidado para satisfacer todas las demandas internas y externas de su compañía.
La posición de director general (CEO) de una empresa es anhelada, reconocida y bien recompensada. En apariencia su labor –al igual que la del director de orquesta- es sencilla y controlable; sin embargo el trabajo directivo, y en especial el trabajo del CEO, requiere esfuerzo, enfoque, recuperación, equilibrio emocional y sencillez para conseguir un crecimiento sostenido. Demanda poner a prueba los propios límites y debilidades pues, antes que su cargo, el director es persona, y como tal supera las adversidades y da unidad a los diferentes enfoques, voces e intereses. En pocas palabras, la tarea del CEO –como la del director de orquesta- es compleja, exige liderazgo comunicación y un objetivo claro para producir una empresa (o una pieza) excelente.
La labor del director general (CEO) es hoy un arte, un ejercicio de pensamiento, síntesis y acción por el bien del presente y el futuro de la empresa. El empresario –como artista– detecta, visualiza, integra, negocia, ejecuta, motiva; el empresario con sus habilidades naturales hace que una oportunidad sea realidad.
¿Cómo son hoy los artistas de la empresa? ¿Qué tienen en común directores generales (CEO’s) como Jeff Bezos, Paul Polman, Jack Ma o Elon Musk, que son portada de ciertos medios de comunicación? Todos han hecho de su labor, un arte, al desarrollar organizaciones con, al menos, tres características: innovación, magnanimidad y sentido de universalidad. Empresas que anteriormente eran obra de la ficción; lo inimaginable hoy es real. Han roto los principales paradigmas y son referentes de la empresa moderna.
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