Estilos de sucesión
Existen diferentes estilos y formas de hacer frente a la sucesión, algunos ejemplos son los siguientes:
El monarca
“Cuando me muera todo esto será tuyo”. La única forma de entregar la corona es muriendo o enfermando. El monarca siempre encuentra excusas para no enfrentar la sucesión y maneja, casi en forma exclusiva, el reparto del dinero y la información, lo que le da el poder.
Los sucesores, si están en una posición cómoda, lo dejan hacer sin comprometerse y sin participar. Aquellos sucesores que quieren otra cosa se van de la empresa porque saben o intuyen que nada va cambiar. Estos casos son los más difíciles, y lo más probable es que la empresa fracase cuando el fundador muera.
El arrepentido o el general
El sucedido confecciona planes de sucesión que no implementa nunca. A veces se retira, pero vuelve inmediatamente, porque no sabe qué hacer con su vida, porque los sucesores no estaban preparados o porque nunca estuvo convencido de dejar.
El embajador
El sucedido deja su lugar, de forma ordenada, y queda como cara visible de la empresa. Es el representante ante las cámaras empresariales, ante los clientes importantes y negocia con ciertos socios comerciales. Es decir, sigue siendo la imagen de la empresa hacia fuera. Ésta es una buena manera de atenuar la crisis, el fundador se sigue sintiendo útil y los sucesores se sienten apoyados en el cambio.
El inventor
Es otra variante del caso anterior. El padre se aparta y se dedica a desarrollar nuevos productos o servicios. Las consecuencias son las mismas del caso anterior.
El gobernador
Es el más organizado en la fecha de su retiro, ya que anticipa con tiempo y establece una fecha. A su vez, se podría decir que es la forma de sucesión más recomendada, ya que el gobernador se preocupa por preparar a su próximo sucesor. Al momento de retirarse no vuelve a la empresa y deja todo en manos de la siguiente generación.
La sucesión inesperada
El un caso de muerte súbita, o muerte después de una corta enfermedad del fundador. Este tipo de sucesión es una de las más traumáticas porque, además del dolor de la pérdida, la empresa y la familia se resienten hasta sus fibras más íntimas. La crisis de liderazgo es muy profunda.
