Cuatro pasos para que tu equipo pelee como legionarios romanos, sintiéndose protagonistas.
- El salario emocional es una estrategia probada para retener talento en las empresas.
- El storytelling te ayudará a pagar un mejor salario emocional a tus colaboradores (si eres líder) o a sentirte más parte de tu equipo (si eres colaborador).
- Al igual que el dinero se cuenta en distintos billetes y monedas, el salario emocional tiene formas diversas.
- En tiempos de la Antigua Roma, a los soldados de las legiones que guerreaban por el Imperio se les pagaba de dos maneras: con monedas (llamadas “denarios”, de los que nacería la palabra ‘dinero’) o con sal (de la que nacería la palabra ‘salario’). Ambos fueron elementos valiosos que se podían intercambiar por otros bienes, de ahí que la tropa los aceptara como medios de pago.
También la palabra “soldado” definía a quienes recibían un ‘sueldo’, es decir, a quienes trabajaban a cambio de un pago. En el mundo moderno, a los que cobran por trabajar les llamamos profesionistas. El caso es que desde hace siglos el trabajo se recompensa con algo valioso y, desde la Revolución Industrial, el dinero ha sido la forma más habitual de entregar ese valor a los colaboradores.
¿Salario o dinero?
Durante casi todo el siglo XX, el salario fue la principal variable para atraer y retener talento en las empresas. Y era habitual que muchas personas quisieran entrar en organizaciones esperando ganarse la vida en ellas por muchos años. Cuando era niño, por ejemplo, mis abuelos me recomendaban que buscara “una empresa que me diera pan de por vida”.
Pero las cosas cambian rápido. Las nuevas generaciones están más preparadas y son hábiles accediendo a la tecnología y a la información. Así que, en teoría, casi cualquiera puede lanzar hoy su propio emprendimiento o cambiar de compañía cuando le plazca. Las estadísticas confirman que muchas personas de la Generación X y Millennials son contrarias a trabajar “de 9 a 5” en empresas y oficinas o prefieren mantener un equilibrio razonable entre su vida personal y profesional.
Así que, aunque sigue siendo muy importante, el dinero es un argumento menos poderoso a la hora de atraer y, especialmente, conservar el talento en las compañías. He conocido a profesionales jóvenes y cualificados que dimitieron de sus cargos por estar “hartos, cansados y enfermos” de tratar a otros de manera inhumana. O por ser tratados así ellos mismos. Estos cuates prefieren ganar menos, pero ser más felices.
Fuente: Entrepreneur, Mario Sorribas F.
