Dificultad para balancear trabajo-familia: algo que todos vivimos.
Todos sabemos que necesitamos más tiempo para dedicar a la familia, para descansar y para cultivar deportes, aficiones o vida espiritual; pero también sabemos que esa realidad idónea es difícil de alcanzar.
De acuerdo con distintos estudios, el 51% de los empleados afirma que en sus empresas normalmente se espera que pongan el trabajo por encima de sus necesidades familiares y personales; que dediquen más de 50 horas a la semana al trabajo si desean progresar en el mismo; que lleven trabajo a casa; y que, además, no hagan uso de las políticas de flexibilidad que se ofrecen pues esto sería mal visto a la hora de evaluar su compromiso con la empresa.
Del resto de empleados, un 19% aproximadamente considera que sus respectivas empresas sistemáticamente facilitan la integración del trabajo, la familia y la vida personal. En el restante 30%, consideran que sus empresas facilitan esa integración no de una manera sistemática, aunque sí ocasionalmente según niveles jerárquicos.
No balancear trabajo-familia: un riesgo para todos los involucrados
Esa percepción personal de que esta realidad es insatisfactoria, tiene de hecho un fundamento racional. Las barreras existentes para lograr una integración del trabajo, la familia y la vida personal tienen efectos negativos tanto para la empresa como para los colaboradores, sus familias y la sociedad en general.
Por otra parte, ese bajo nivel de balance trabajo-familia que el 51% de los colaboradores percibe, tiene un efecto negativo en su calidad de vida, que se manifiesta en poca calidad del sueño por las noches, poca posibilidad de realizar ejercicio físico durante la semana y poca energía al final del día para dedicar a sus responsabilidades familiares y demás intereses personales. Lógicamente, esta baja calidad de vida tiene un impacto negativo en la productividad y es allí donde las alarmas de las empresas deberían saltar. Además, de acuerdo con el estudio IFREI, la salud de colaboradores es de menor calidad en aquellas empresas donde sistemáticamente se ponen barreras al balance trabajo-familia, en comparación con la percepción de salud de los colaboradores de aquellas empresas donde sistemáticamente se favorece ese balance.
