La sucesión es un proceso largo y flexible.

La sucesión es un proceso que lleva tiempo, el necesario para consolidar una serie de acuerdos satisfactorios y sustentables para todas aquellas personas que estén vinculadas con el sistema empresa familiar.
Es difícil aseverar en qué momento de la vida de la empresa o de la familia es conveniente iniciar un proceso de sucesión; pero no resulta tan complejo iniciar directamente con el proceso, aun sin saber que se lo está llevando a cabo.
Quienes son fundadores o quienes están en el control / dirección de una empresa de familia deben entender claramente que sus comportamientos personales, sus expresiones y comentarios, sus humores y hasta alguna enfermedad circunstancial, conlleva en su significado un mensaje para las siguiente generaciones cuando estos últimos son niños o jóvenes.
Si el padre atribuye una gastritis o la falta de tranquilidad a cuestiones originadas en la empresa y lo comenta de una manera inadecuada o inoportuna en presencia de sus hijos menores, inmediatamente estos relacionaran una anomalía que afecta a su padre que está originada en la empresa. Evidentemente, un niño no quiere ver a sus padres mal; esto le genera angustia, tristeza y sufrimientos.
En su racionalidad y posiblemente por carácter transitivo “lo malo de la situación” es la empresa.
Demás está decir que la reiteración de situaciones de protesta de los padres o familiares sobre la empresa, potencian que los más jóvenes generen una suerte de “anticuerpos “que en nada favorece su continuidad dentro de la propia empresa familiar.
Pasados los años, cuando estos jóvenes llegan a su mayoría de edad en la que el esfuerzo debe direccionarse a trabajar y/ó estudiar, la memoria de los buenos y los malos hechos relacionados con la empresa se hacen contemporáneos con sus decisiones vitales.
Como ha sido comentado ya en otra unidad, no son las empresas las que desfavorecen el interés y la vocación de que los potenciales sucesores se conviertan en efectivos sucesores; si lo son los hechos y las experiencias, en muchos casos duras, que sus mayores han relatado a lo largo de los años y que los jóvenes lo van tomando como una referencia en su período de aprendizaje natural, entre los seis y los quince años.

Existe un concepto equivocado o al menos discutible en relación a las empresas de familia y es la confusión entre estos términos antes mencionados. La experiencia y la referencia.
La experiencia no puede ser delegada “llave en mano”. Si debe ser transferida, divulgada, comunicada a los demás, en este caso a la nueva generación.
Si la experiencia pudiera ser transferida encontraríamos en las nuevas generaciones empresarias algo así como robots que tienen como cometido reiterar y repetir lo hecho por sus mayores. Queda claro que esto no es posible…….aunque algunos padres, sin darse cuenta, intentan hacerlo con las siguientes generaciones en las empresas.
Tampoco es tan cierto que el ímpetu, la voluntad y los esfuerzos de los jóvenes de las nuevas generaciones sean en si mismo un sustento para reemplazar a los sucedidos. No deben olvidar los jóvenes que la experiencia de los mayores debe ser tomada como una referencia para ellos.
Sin experiencia previa no puede haber referencias. Vale la pena pensar entonces cuando dos generaciones de empresarios – la primera ya retirada -comparten una mesa de análisis de la empresa; se presenta sin excepción el reconocimiento de los más jóvenes al mayor esfuerzo, mayor dedicación y mayores sacrificios que debieron experimentar los fundadores.
Como cualquier empresa, al analizar su Ciclo de Vida, es en el punto cero o inicial donde todo está por hacerse y a medida que se avanzo en el desarrollo de la empresa, sin lugar a dudas se ha logrado avanzar hacia otros ciclos de vida mas evolucionados. Si esto no hubiera sido así, pues no existiría esta mesa en la que dos generaciones de empresarios y familiares comparten el análisis de lo propio.
Se dijo antes a los mayores que la experiencia no se puede delegar, y en el mismo sentido digo a los jóvenes que la experiencia no se puede comprar de los mayores, dicho esto en le mejor de los sentidos y al solo efecto de ilustrar la idea.
Es difícil para quienes son parte de generaciones prestas a asumir condiciones de alta responsabilidad en el management de sus empresas, aceptar o entender que existe una experiencia histórica de la empresa que la ha llevado al lugar competitivo en la que se encuentra. Lo que debe hacerse no es rechazar o descalificar esta experiencia histórica; lo primario es estudiarla para entenderla y a partir de allí pensar en alternativas superadoras para acordar luego con el resto de la familia su instrumentación o postergación.
Un gran problema que se presenta en las empresas familiares, es que al confundir los actores de la misma sus ámbitos – empresa o familia – se asumen posiciones equivocadas en los momentos en que se necesita una mayor claridad
Sobre los intereses, especialmente de la empresa.

R. Bazán, Empresas Familiares.