Déjame preguntarte…
¿Tienes algún método o sistema propio para empezar un proyecto? ¿Hay algún paso que siempre das al inicio? ¿Te está funcionando bien tu estrategia? ¿No sigues ninguna fórmula?
Pero antes de nada… ¿de qué hablamos cuando decimos la palabra “proyecto”?
Proyecto es algo que tienes que construir a lo largo de un tiempo, cubriendo una serie de etapas, sumando un conjunto de acciones y tareas. Algo que empiezas con un resultado en mente que tienes que conseguir, con un objetivo definido.
1 Pregúntate: ¿estoy preparado DE VERDAD?
En serio. Empezar es fácil, es rápido, genera un chute de satisfacción. Pero ¿tienes la suficiente motivación para TERMINAR? Al principio muchos proyectos parecen buenas ideas pero, ¿y dentro de unas semanas o meses? Hay ciertos proyectos en los que no hay que rebuscar motivos. Ni personales ni profesionales. Salen de ti. Pero otros… o los tienes bien claros y son bien sólidos, o todo se vendrá abajo a las primeras de cambio.
No me importa dejar un proyecto y admitir (por ejemplo) que he fracasado, o que lo he ejecutado mal. Pero tampoco me interesa empezar por empezar. Solo quiero empezar aventuras que QUIERO terminar.
2 Tomas unas tijeras y divídelo en partes
La técnica de dividir es buenísima para muchos momentos, y esencial al empezar un proyecto. Da igual el tamaño que tenga, siempre te conviene dividirlo en fases, etapas, partes. SIEMPRE. No inicies sin antes haber hecho esto. Tienes que dividirlo en cuantas piezas necesites. Con ellas vas a distribuir el trabajo a lo largo de los días y semanas, o meses.
Es la manera en la que luego vas a traducirlo a tareas diarias. De edificio a plantas, muros y habitaciones, y de ahí a ladrillos.
3 Identifica qué partes no dependen de ti
(Este es un punto débil de mucha gente.) Haz un barrido por toda la actividad detrás del proyecto. Localiza cuanto antes las partes que requieren la participación de otra(s) persona(s). También las cosas que tienes que conseguir o pedir a otros. ¿Lo tienes ya? Pues muévete cuanto antes. Empieza tus esfuerzos por ahí, o pronto te encontrarás con un atasco y llegarán los primeros retrasos.
Son como dos carriles que tienen que confluir: lo que vas a hacer tú y lo que tienen que hacer otros. Pues bien, arranca primero las cosas del carril de los demás, porque siempre irán más lentas de lo que crees de primeras.
4 Haz una estimación del volumen de trabajo
Una estimación es eso, una evaluación. Y además inicial. Pero es necesario valorar de cuánto esfuerzo y volumen de trabajo estamos hablando. Aquí no tienes que echar mano de tus dotes de adivino, sino de tu experiencia, intuición, capacidad y conocimiento. Sé, ante todo, conservador o (mejor) pesimista. No te dejes llevar por el entusiasmo del inicio. Ahí todos lo vemos todo de colores. Si crees que te vaya a llevar una semana, pon semana y media. Y si crees que un mes, pon dos.
5 Tira de Calendario: ¿cuándo lo vas a hacer?
Ahora viene el primer reto importante de tu proyecto: tienes que hacerle un hueco en tu semana de trabajo. Un proyecto exige, ante todo, regularidad. Avanzar cada día/semana con algo. Hacerlo a tirones es malo por muchos motivos. Tienes que reservar-bloquear tiempo en tu agenda para ese proyecto. En qué momento vas a avanzar con los ladrillos y los muros.
Y ahora viene el segundo reto importante: ¿qué vas a dejar de hacer o qué vas a reducir? Tu día seguirá teniendo 24 horas. Menos realmente. Así que si quieres añadir una nueva pieza, hay que sacar otra. O bien reducirla de tamaño. Tal vez sea reducir tus tareas repetitivas, eliminar alguna reunión innecesaria, cortar horas de televisión, o cancelar esa colaboración o actividad que ha dejado de aportarte valor.
Si quieres empezar un proyecto con éxito tienes que hacerle sitio cuanto antes.
