Claramente plantea Miguel Ángel Gallo en todas sus obras bibliográficas el valor fundamental que tiene el Protocolo Familiar como una suerte de “constitución” propia , acordada y asumida por todos aquellos que son parte de cualquiera de los sistemas que conforman la empresa familiar.
Un protocolo es un documento formal y sensible que deben suscribir todas aquellas personas que tengan un interés tangible o un interés afectivo y que en todos los casos sostengan el principio de continuidad de la empresa familiar para lograr de esta manera la trascendencia de la empresa y de la familia.
El Protocolo Familiar es la exteriorización escrita de un proceso complejo que debe de ser consistente en el establecimiento de acuerdos, pautas y regulaciones que deben privilegiar los intereses de la empresa y la familia por sobre los intereses de las personas. Este documento deberá contener todos los aspectos que los actores consideren fundamentales acordar y que parten de reconocer los hechos obvios que han de presentarse en el futuro.
Es un acuerdo que favorece la coordinación de los dos grandes componentes del sistema; la familia y la empresa. Plantea una base de consenso referido a fortalecer una conducta de aplicación de sus contenidos y de aceptación por parte de todos los comprometidos
Este instrumento formal permite resumir de manera ordenada las medidas que han de tomarse frente al cúmulo de situaciones que han de presentarse en el futuro más cercano o más lejano y favorece sustantivamente la eliminación o al menos minimiza los conflictos que pudieran poner en peligro la continuidad de la empresa o la relación armónica de la familia.
La sucesión, podemos sintetizarlo como una acción de transferencia. Entregar el testigo a otro corredor si se lo planteara dentro de una carrera.
Pero como ya fuera dicho, la sucesión no es un mero acto circunstancial, es un proceso que aunque complejo, con una adecuada metodología no debe conllevar mayores inconvenientes que los que plantea la construcción de acuerdos entre personas que tienen en común el mismo objetivo, la trascendencia, de la familia y de la empresa.
Esta comunión en el objetivo supremo es lo que le otorga factibilidad al proceso sucesorio, cuando se hace de la manera adecuada. Las empresas familiares que no incurren en este proceso corren un serio riesgo a futuro, producto de la imprevisibilidad cuando esta pudo ser derrotada de antemano; y son ellas las que han contribuido a engrosar la lista de discontinuidad de las empresas familiares.
Numerosas encuestas realizadas en Latinoamérica, han tomado como objeto de análisis a las pymes familiares han mostrado que la los empresarios en su amplia mayoría coinciden en la importancia del proceso de sucesión. Muchos menos mostraron una actitud para incluirla en la agenda de los temas importantes de sus empresas y de las familias.
Lo llamativo de estas encuestas es que una menor cantidad de casos consideran que en el corto plazo debían incluirla como una acción fundamental y fue el menor mínimo de empresarios entrevistados que acusaron estar llevándola a cabo o haberla ya realizado.
R. Bazán, Empresas Familiares.
