La palabra dueño es letal en el mudo de los negocios porque causa muchas distorsiones en la gestión-administración. Cuando un accionista de la empresa se cree dueño es común que pague sus gastos e inversiones personales con el dinero de la empresa.
Si yo soy dueño de una camisa puedo cortarla y hacerla pedazos sin afectar a nadie, pero si la camisa es también de mi hermano ya no puedo hacerlo, porque afectaría sus intereses, esta es la diferencia entre ser dueño y socio.
La persona que se siente dueño cree que no tiene la obligación de rendirle cuentas a nadie. El autor piensa que, aunque se tenga el 100% de las acciones, nadie puede reclamar el poder absoluto, porque hay otras personas o instituciones formando parte del negocio: los colaboradores, el gobierno, la comunidad, los clientes, los proveedores y los acreedores.
La propuesta del autor es eliminar la palabra «dueño» del lenguaje de los negocios, sustituyéndola por «accionista». este pequeño cambio de mentalidad facilitaría mucho el proceso de institucionalización de una empresa familiar.
Del libro: Vivir, trabajar y crecer en familia. Alfonso Urrea Martin.
