Esta pregunra, tanto si da lugar a que se redacte algo en el protocolo familiar
como si no, tiene mucho interés y puede traer desenlaces muy curiosos.
Se le pide a la familia que defina qué viene primero y se le dan dos opciones, la familia o la empresa, para forzar a cada miembro a posicionarse. En realidad no se trata de elegir entre familia y empresa, sino de tener claro que va a funcionar a la larga mejor. La familia primero significa que creemos que tomar decisiones priorizando la
felicidad de la familia y el sentimiento de unidad es lo mejor que nos irá a largo plazo, tanto a la familia como a la empresa. Primero la empresa significa que sin principios sensatos para llevar los negocios, tanto la familia como el negocio se verán muy perjudicados a la larga.
El que se vea a unos miembros posicionarse en un principio o en otro resulta muy clarificador y es muy probable que la opinión que un familiar tenga sobre puntos importantes del protocolo derive, conscientemente o no, de la contestación que haya dado a esta pregunta.
A veces esta cuestión hace emerger a la luz áreas de desajuste entre familia y empresa. Por ejemplo, una familia puede descubrir que “dar ejemplo” significa para nosotros “trabajar a todas horas, todos los días, sin que haya tiempo para nada mas” y que esto está teniendo unos costos personales desmedidos e innecesarios. Que estos malos ajustes se vean con claridad, permite que se pueda trabajar sobre ellos.
“Crecer, crecer y crecer” puede ser el mantra de algunos miembros de la familia. Tal vez el fundador al mirar su obra la encuentra siempre inacabada y desea que sea cada vez más grande e importante. Los jóvenes familiares pueden ambicionar que el negocio adquiera tamaño, cope mercados, se extienda por el mundo. Pero ¿qué ocurre si el resto de la familia, incluido propietarios importantes, no lo ven claro? Además, las diferencias que pueden surgir no están únicamente relacionadas con el crecimiento. Por ejemplo: ¿qué hacemos si unos piensan que hay que diversificar porque lo actual está decayendo y los demás están anclados en los viejos productos? Nos encontramos, como puede verse, ante un terreno cargado de minas que deben desactivarse con antelación. Lo adecuado es conseguir un gran acuerdo que, dejando margen a la dirección y al consejo de administración para establecer la estrategia del negocio, fije los límites dentro de los cuáles debe moverse dicha estrategia. Al debatir el protocolo familiar se presenta un momento magnífico para alcanzar
dicho pacto familiar.
La familia debe alcanzar un gran acuerdo sobre los límites dentro de los cuáles debe moverse la estrategia del negocio. Este pacto debe ser respetado por la
dirección y el consejo de administración al tomar las decisiones empresariales de mayor impacto.
Del libro «El Protocolo Familiar, Sí o No». Rafael Rodríguez D.
