Las empresas familiares ocupan un papel central en la recuperación y desarrollo económico de cualquier país, puesto que son la estructura de propiedad mayoritaria en el tejido empresarial de todo el mundo. Sus modelos de negocio están siempre basados en una visión de futuro, lo que les permite hacer frente con mayor serenidad a los vaivenes del entorno económico. Una de las condiciones necesarias para que una empresa sea considerada familiar, es que una familia posea un porcentaje mínimo de acciones para influir en las grandes decisiones de la compañía. Ese porcentaje mayoritario de propiedad puede articularse de múltiples formas. Las necesidades de la empresa, el marco legal del país en el que opera y, especialmente, la voluntad de la familia son los ejes centrales que marcan las estructuras de propiedad.
Una vez definidas las estructuras de propiedad, las familias empresarias deben tener en su agenda el diseño de unas estructuras de gestión que faciliten el gobierno de la empresa y de la familia. Dichas estructuras son los ejes centrales en la gestión de cualquier empresa. Un Consejo de Administración (Directorio) ha de velar por la correcta gestión de la compañía, y en este tipo de empresas se han de tener también en cuenta las necesidades de gestión y organización de la familia propietaria. El Protocolo familiar y el consejo de familia son los dos órganos más habituales para cumplir ese objetivo.
Josep Tápies/Cinco claves para perdurar con éxito.
