3 retos del Consejero Independiente.

1) Siempre desafiar de forma constructiva.

No se trata de cuestionar al punto de la incomodidad insalvable, ni de callar llevando la presencia a la inutilidad práctica. El Consejero – especialmente el independiente– debe preguntar con tino y tono, evaluar los asuntos que otros preferirían posponer, moderar los intereses naturalmente parciales y retar el desempeño del Director General y su equipo en forma propositiva.

2) Identificar y calibrar riesgos.

Y ello supone estar lo suficientemente compenetrado en la dinámica del negocio, al punto de aprender a detectar peligros, conflictos, inseguridades o evasiones que no estén siendo oportunamente gestionados o mitigados de la mejor forma posible.

3) Prever la sucesión de los puestos más sensitivos.

Empezando por el fundador, el accionista mayoritario o el director general estrella. Es el independiente quien está en mejor posición para advertir escenarios de salidas no previstas o faltas no planeadas de quienes manejan la cotidianidad de la organización. El independiente puede y debe traer a la mesa armónicamente los temas de relevo y sucesión con la periodicidad que juzgue necesaria en cada empresa.

El Consejo de Administración es un órgano colegiado de gobierno y administración. No es una junta de acompañamiento incuestionado. Cierto. Es un espacio de convergencia de intereses diversos, pero si está bien configurado y goza de la asistencia continua de sus integrantes, resulta un grupo de dirección y vigilancia que define proactiva e inteligentemente la estrategia y que evalúa y controla el desempeño de la alta dirección.

Fuente: Mauricio Candiani, publicado en El Financiero, septiembre del 2019.